Crisis de crianza

Lectores de mi corazón.

Seguramente les ha pasado que según la etapa que se encuentren sus hijos, hijas, sobrinos, hijos de sus amigos, son las crisis. Que la pataleta o berrinche de los dos años… de los tres, de los ocho, de los trece… Ahora que lo escribo, creo que guardadas las proporciones todos tienen rabietas a cualquier edad… Hasta los adultos.

Pero bueno, que cuando son los hijos de uno, pues si toca que entrar a contener. Todos los que tenemos niños, niñas, adolescentes a cargo, nos ha tocado sentir la mirada fulminante de otros adultos que muy seguramente creen que podrían hacerlo mejor que nosotros, cuando somos nosotros los primeros que queremos que esta tortura termine. Si es una niña en un restaurante que no se quiere comer lo que ella misma pidió, un niño en una juguetería exigiendo la pista de carros más cara que había (Creo que todos sabemos la marca), un adolescente en pleno centro comercial volteando sus ojos para arriba demostrando toda su apatía.

Aunque a veces, estos emperadores, reyes y reinas de las casas que parece que se le pueden parar en la cabeza a sus padres, tienen estos comportamientos porque precisamente han sido sus padres o encargados de su crianza quienes no les han puesto límites. Claro. Disciplinar es mucho más difícil. Hacerlo con amor y respeto aún más.

Desde mi humilde opinión, por difícil que parezca, cuando estas situaciones empiezan aparecer en la más tierna infancia, hace falta tener la suficiente templanza y no ceder a los caprichos. Se que es muy complejo no ceder ante la mirada tierna de un infante pidiendo algo… Pero creo que, si se es firme a tiempo, se pueden evitar escenarios peores en el futuro. Ahora que lo pienso, este tema amerita una carta más amplia a futuro.

Discapacitados sociales

Lectores de mi corazón.

Una vez entré a un negocio de esos de barrio, a una tiendita, y tenía un cartel que hablaba sobre como la crianza de los hijos podía terminar generando “discapacitados sociales”. Nada más lejos de la verdad.

Honestamente, soy fan de muchas estrategias de la crianza tradicional que recibimos muchos de los nacidos en los ochenta. Obviamente hablo de las buenas estrategias que nos formaron como adultos responsables, disciplinados, resilientes y trabajadores. Que no me caiga el mundo encima hablando de los traumas infantiles generados por todos esos estilos de crianza, ejecutados por padres y madres bienintencionados pero con pocas herramientas y recursos.

Pero no nos digamos mentiras que ahora la crianza si se fue al otro extremo.

Asistimos a un momento de la historia donde lamentablemente vemos a muchos jóvenes adultos completamente incompetentes para vivir en sociedad. Aunque reconozco que hay gente de mi edad que parecen adolescentes de cuarenta y cinco años. Tal vez fueron criados por algún “hippie con ideas raras” (#humor).

Es muy fácil detectarlos, son jóvenes que en sus veintes tienen cero tolerancia a la frustración. No duran en un trabajo porque no saben cómo lidiar asertivamente con la autoridad. No tienen idea de cómo valerse por sí mismos, porque nunca supieron ni lavar un plato o por lo menos cocinarse un huevo. No saben que para que una casa funcione hay un mínimo de gastos como servicios públicos o que hay que barrer de vez en cuando. Creen que lo pueden tener todo, y peor aún, que lo merecen sin el más mínimo esfuerzo.

No todos gracias a Dios, porque si no a donde iremos a parar, pero si muchos cuyos padres olvidaron lo más importante de la crianza: Entregar adultos funcionales a la sociedad.

Adolescentes en casa

Lectores de mi corazón.

Mientras que unas nos dirigimos a una etapa superior de la existencia, que espero que llegue con trascendencia y serenidad, otros apenas empiezan a vivir, con la candidez e ilusiones propias de la juventud. Y así como a estas edades batallamos con las hormonas, que siquiera que esta batalla la libramos con un poquito más de autoconciencia y madurez, estos pobres jovencitos están peleando con sus hormonas (No solo con sus hormonas) con las pocas herramientas que su corto paso por la vida hasta ahora les ha permitido obtener.

Unos de una mejor manera que otros, ya que gracias a Dios, al universo, la fuente, a la sabiduría o lo que sea que ustedes crean, no todas las adolescencias son complicadas, eso sí, ninguna es fácil. Yo vivo orgullosa de la adolescente que tengo en casa. Pero ninguna madre de adolescente podrá negar que hay momentos puntuales de la vida, en que los pobres ni se hallan, ni se entienden a sí mismos, en el mismo minuto pasan de odiarte a quererte a nuevamente odiarte.

Es un período de la vida, que termina. Ese es el consuelo que nos damos las madres de adolescentes. Y de cualquier manera es una etapa bien interesante. Escuchar sus puntos de vista, ver como evoluciona su carácter, como adquieren gustos propios, cuáles son sus intereses en la vida. La verdad es genial.

Hay muchos prejuicios para tratar con adolescentes. Creo que para evitarlos es necesario reconectar con nuestra propia adolescencia. Muchos adultos tratan con adolescentes, como si ellos mismos no hubieran pasado por ahí. Si han leído mis cartas creo que han detectado que la empatía me mueve mucho.

Aunque, también, algo que muchos padres, maestros, y otros actores que tienen que ver con adolescentes, olvidan, es el momento histórico en que están creciendo los adolescentes de hoy. Por ahí se deja “pillar” uno que otro padre diciendo… “Es que a mí en mi época”… Hombre que a ti en tu época ni te tocó Internet.